Nanomateriales en el entorno laboral: un riesgo emergente en higiene industrial

Ene 26, 2026 | Higiene Industrial, Laboratorio, Noticias

En los últimos años, los nanomateriales han pasado de ser un concepto ligado a la investigación a estar presentes de forma cotidiana en numerosos procesos industriales y productos de consumo. Pinturas, recubrimientos, cosméticos, materiales de construcción, electrónica, automoción, medicina o textil técnico incorporan ya, de forma habitual, partículas en escala nanométrica.

Esta expansión abre la puerta a nuevas oportunidades tecnológicas, pero también a riesgos emergentes que la higiene industrial y la prevención de riesgos laborales deben saber identificar, evaluar y controlar.

 

¿Qué entendemos por nanomaterial?

Aunque existen distintas definiciones, la más aceptada en el ámbito europeo considera nanomaterial a un material natural, incidente o fabricado que contiene partículas, sueltas o formando un agregado o aglomerado, en el que al menos el 50 % de las partículas tiene una o más dimensiones externas entre 1 y 100 nanómetros.

A esta escala, las partículas pueden presentar propiedades físicas, químicas o biológicas distintas a las del mismo material en tamaño “convencional”. Cambian la superficie específica, la reactividad, la solubilidad, la capacidad de generar especies reactivas de oxígeno, etc. Todos estos factores son relevantes desde el punto de vista toxicológico y de higiene industrial.

El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) recuerda que, para los nanomateriales utilizados en el trabajo, es crítico disponer como mínimo de: distribución de tamaño de partícula, forma y tamaño (especialmente si tienen morfología fibrosa), y otras propiedades fisicoquímicas relevantes.

 

¿Dónde pueden estar presentes los nanomateriales en el trabajo?

Los nanomateriales manufacturados se incorporan a una gama cada vez más amplia de productos y sectores:

  • Construcción: cementos y hormigones modificados, recubrimientos autolimpiables, pinturas con nanopartículas de dióxido de titanio o sílice.
  • Industria química y de materiales: nanocargas en plásticos, cauchos y composites, nanotubos de carbono en materiales ligeros y resistentes.
  • Automoción y transporte: recubrimientos, neumáticos, lubricantes, materiales ligeros de alta resistencia.
  • Salud y farmacia: sistemas de liberación controlada, recubrimientos de dispositivos, materiales biomédicos.
  • Textil y consumo: tejidos antimanchas, antibacterianos, cosméticos con filtros solares en forma nano, etc.

Esto implica que técnicos de PRL e higienistas industriales pueden encontrarse exposición a nanomateriales tanto en actividades claramente “de alta tecnología” como en industrias tradicionales que han incorporado mejoras de producto.

 

Vías de exposición y posibles efectos sobre la salud

Las principales rutas de exposición laboral a nanomateriales son:

  • Inhalación: es la vía más relevante desde el punto de vista de la higiene industrial. Las nanopartículas pueden alcanzar las zonas más profundas del pulmón e, incluso, translocarse a otros órganos.
  • Contacto dérmico: especialmente en tareas de manipulación de polvos, suspensiones o productos líquidos que contienen nanomateriales.
  • Ingestión accidental: por contaminación de manos, superficies o equipos de trabajo.

Los efectos sobre la salud dependen del material, el tamaño, la forma, la solubilidad y las propiedades de superficie de las partículas.

La evidencia disponible indica que los nanomateriales pueden producir:

  • Efectos respiratorios e inflamatorios (p. ej. inflamación pulmonar, cambios en la función respiratoria).
  • Efectos cardiovasculares y sistémicos asociados a la respuesta inflamatoria.
  • Posibles efectos genotóxicos o carcinogénicos para determinadas nanoformas, como algunos nanotubos de carbono o ciertas nanoformas de dióxido de titanio, clasificados en categorías de peligro específicas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en sus directrices sobre nanomateriales manufacturados, subraya que el conocimiento toxicológico aún es incompleto y recomienda aplicar un enfoque de “precaución razonable”: asumir un potencial riesgo y controlar la exposición mientras se genera nueva evidencia.

En la misma línea, el INSST aconseja que, ante la falta de información específica, se considere que las nubes de polvo de nanomateriales pueden presentar peligro de incendio o explosión y, en general, comportarse como sustancias peligrosas hasta que se demuestre lo contrario

 

El marco normativo: lo “nano” también está cubierto

Aunque no exista una ley “exclusiva” de nanomateriales, la normativa de prevención de riesgos laborales y de agentes químicos es plenamente aplicable a estos materiales:

  • En la UE, las directivas sobre agentes químicos y cancerígenos y mutágenos obligan a evaluar y controlar el riesgo, proporcionando información y formación adecuada a los trabajadores.
  • El reglamento REACH exige el registro de ciertas nanoformas y la comunicación de peligros a lo largo de la cadena de suministro.
  • La Comisión Europea ha publicado guías específicas para trabajar de forma segura con nanomateriales manufacturados, tanto para empleadores como para trabajadores.

En España, el INSST reúne en un portal específico documentación técnica, Notas Técnicas de Prevención (NTP), guías y material divulgativo sobre nanomateriales y PRL. Además, la norma UNE-EN 17058 proporciona un procedimiento para medir concentraciones de nanomateriales en aire y caracterizar la exposición por inhalación en lugares de trabajo industriales.

 

¿Qué implica todo esto para la higiene industrial?

Para los equipos de PRL, los servicios de prevención y los higienistas industriales, los nanomateriales suponen un campo donde aplicar las metodologías clásicas de higiene industrial, pero con algunas particularidades importantes.

Identificación del riesgo

El primer reto es saber si en el centro de trabajo hay o no nanomateriales. Para ello:

  • Revisar las fichas de datos de seguridad (FDS) y la documentación técnica de las materias primas y productos.
  • Solicitar a proveedores información específica sobre:
    • Distribución de tamaños de partícula
    • Morfología (esférica, fibrosa, placas, etc.)
    • Propiedades de superficie, solubilidad y estabilidad
  • Si la información es insuficiente o genérica (referida solo al material “a granel”), aplicar el principio de precaución y considerar el material potencialmente peligroso.

También es recomendable mapear procesos en los que puedan generarse nanopartículas de forma incidental (p. ej. soldadura, corte, combustión incompleta, mecanizado de materiales que contienen nanocargas).

Evaluación de la exposición

La evaluación de la exposición a nanomateriales suele combinar:

  • Análisis cualitativo: identificación de tareas, materiales, cantidades, estado físico (polvo, suspensión), frecuencia y duración, presencia de controles técnicos, etc.
  • Mediciones específicas, cuando proceda, siguiendo metodologías como la norma UNE-EN 17058 para caracterizar la fracción de nanopartículas en el aire.

Uno de los retos en nanomateriales es definir la métrica adecuada: masa, número de partículas, superficie específica, etc. La práctica actual combina aproximaciones, en función de los objetivos del estudio y del tipo de nanomaterial, siguiendo los enfoques recomendados por la OMS, EU-OSHA y el INSST. En ausencia de valores límite de exposición específicos, las guías internacionales recomiendan utilizar enfoques por bandas de control, criterios de prudencia (analogía con sustancias de referencia) y mantener la exposición “tan baja como sea razonablemente posible”.

Medidas preventivas y de control

Las medidas preventivas siguen la jerarquía clásica de control, pero con algunas recomendaciones específicas:

    • Sustitución o cambio de forma:
      • Sustituir nanomateriales en polvo seco por formas menos dispersables (suspensiones, pastas, formulaciones encapsuladas), cuando sea viable.
    • Medidas técnicas:
      • Sistemas cerrados o semi-cerrados para carga, descarga y trasvase.
      • Extracción localizada eficaz en puntos de emisión.
      • Sistemas de ventilación general correctamente diseñados y mantenidos.
      • Limpieza mediante métodos que no generen resuspensión de polvo (evitar aire comprimido; preferir aspiración con filtros adecuados).
    • Medidas organizativas:
      • Minimizar el número de personas expuestas.
      • Limitar el tiempo de permanencia en zonas con potencial exposición.
      • Protocolos claros de limpieza y gestión de residuos.
    • Equipos de protección individual (EPI):
        • Protección respiratoria adecuada (por ejemplo, FFP3 u otros equipos equivalentes, en función de la evaluación de riesgos).
        • Guantes, ropa de protección y protección ocular cuando exista riesgo de contacto dérmico o salpicaduras.

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